ROSA: La soledad de un proceso revictimizante


Rosa es una mujer de 57 años que siempre ha vivido en entornos familiares con alta tolerancia a la violencia. A lo largo de toda su vida ha sido víctima de abuso físico,  psicológico, sexual, y de explotación laboral.

Todas sus parejas han ejercido violencia contra ella. Con su tercer marido, de 20 años de unión, Rosa es víctima de violencia física en gran magnitud: golpizas, heridas, fracturas, heridas punzantes con una varilla, y un ojo afectado por un ácido lanzado por su pareja para despojarle del dinero que había ganado trabajando. Es entonces cuando comienza a comprender la gravedad del problema de la violencia.

Sin embargo, en una ocasión Rosa fue abofeteada por su pareja en la fiscalía y en otra ocasión su pareja le dio una puñalada frente a los policías que recibían la querella. Las respuestas de las autoridades en ambas ocasiones fueron insuficientes, lo que contribuyó al sentido de indefensión en Rosa.

En la larga relación de Rosa con el sistema de protección también se destaca el rol del sector salud, al que Rosa asiste por un cuadro de hipertensión y diabetes, coincidente con lo que se conoce como el Síndrome de la Mujer Maltratada. Sin embargo, en lugar de reconocer la violencia como el origen de su cuadro clínico, el personal médico que la atendió le recomienda descargar a su marido y mantenerse en la relación. Rosa relata que sus médicos le dijeron: “Suelte a ese hombre, ese es su marido de 20 años, suéltelo, y si a lo 3 mese doña él se porta mal déjelo (…) Yo confié en los médicos y así lo hice”.

Después de múltiples agresiones, una cadena interminable de querellas, denuncias que no prosperan, certificados sin seguimiento y procesos judiciales reenviados, se produce otra condena. Aún así, Rosa no siente que pueda descansar, ya que su agresor continúa acosándola desde la cárcel, desde donde la llama para seguir amenazándola.